Resciliación

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La resciliación es un acuerdo en que las partes, acreedor y deudor, teniendo la libre disposición de sus bienes, dejan sin efecto un contrato por una convención, es decir, acuerdan en dar por extinguidas las obligaciones que los ligan. La resciliación o mutuo disenso es el primero de los modos de extinguir las obligaciones que ordena el artículo 1567 del Código Civil. Este modo de extinguir es una aplicación del principio de que “las cosas se deshacen del mismo modo en que se hacen”.

Concepto de resciliación

Siguiendo a Juan Andrés Orrego Acuña, la resciliación o mutuo disenso es una convención en que las partes interesadas, siendo capaces de disponer libremente de lo suyo, consienten en dejar sin efecto una convención o contrato, extinguiéndose las obligaciones vigentes. El mutuo disenso no está definido en el Código Civil, pero el texto alude al consentimiento mutuo como modo de extinguir obligaciones en los artículos 1545 y 1567, y de manera indirecta, en el artículo 728.

El artículo 1567, inciso primero del Código Civil señala que las obligaciones pueden extinguirse mediante una “convención en que las partes interesadas, siendo capaces de disponer libremente de lo suyo, consienten en darla por nula”. Enseguida, el precepto, al expresar “darla por nula”, aparentemente estableciendo que el objeto de la resciliación es anular una obligación que adolece de algún vicio o defecto. Entendemos que el legislador comete un error. En realidad, la obligación es plenamente válida y la intención de las partes es dejarla sin efecto, como si ella no se hubiera contraído.

A este respecto, Rodrigo Barcia Lehmann explica que en la resciliación no hay nulidad porque la obligación no adolece de ningún vicio o defecto de invalidación. Además, la declaración de nulidad no se produce por el acuerdo de voluntades de las partes, sino mediante sentencia judicial. Agrega el docente que, tanto el acto, la obligación y todos los efectos que produjo hasta el momento de la resciliación se consideran válidos, porque el mutuo disenso produce efectos para el futuro. La nulidad, en cambio, produce efectos retroactivos.

Requisitos de la resciliación

Siendo el mutuo disenso una especie de convención, debe cumplir con los presupuestos necesarios para la validez y eficacia del acto jurídico que se deja sin efecto. Con todo, es indispensable realizar ciertas precisiones acerca de la capacidad para resciliar y la necesidad de una obligación vigente.

Capacidad para resciliar

Como la resciliación importa para el acreedor la renuncia a un derecho y a las ventajas que podría reportarle el contrato, este debe ser capaz de disponer libremente. Si el contrato genera derechos para ambos contratantes, deberán también ser capaces para otorgar la convención que extingue las obligaciones. En otras palabras, se debe contar con la capacidad para disponer del crédito, ya que el objeto de la resciliación es, justamente, ponerle término. Verbigracia, en la sociedad conyugal, el marido tiene plena capacidad para celebrar todo tipo de contratos. No obstante ello, no puede enajenar los bienes inmuebles sociales, sin la autorización de su mujer. Luego, para poder disponer necesita de este requisito adicional, por ende, para la validez de la resciliación de la compraventa de un inmueble social, requiere contar con la autorización de su mujer.

Necesidad de una obligación vigente

A pesar que la ley no lo señala expresamente, para que proceda la resciliación las obligaciones deben estar vigentes, esto es, no cumplidas en su totalidad. En otras palabras, para proceder a resciliar una convención o contrato, debiera existir al menos una obligación que no esté totalmente cumplida al momento de la resciliación. En este sentido Barcia explica que, conforme al artículo 1567 del Código Civil, las obligaciones pueden extinguirse por una convención de las partes y sólo puede extinguirse aquello que aún existe, pero no lo que ha dejado de producir sus efectos. De este modo, si ha operado un modo de extinguir las obligaciones, no tendrá lugar la resciliación. Por ello, si las partes han cumplido íntegramente con las obligaciones del contrato, éstas pueden de común acuerdo disolverlo, pero no se configura una resciliación del mismo.

Con todo, más allá de las nociones doctrinarias, resciliar un contrato de compraventa cuyos efectos se han cumplido de manera íntegra, constituye una práctica común y aceptada. Más aún, los conservadores de bienes raíces no realizan mayor cuestionamiento acerca de si las obligaciones están pendientes o cumplidas.

Ámbito de aplicación de la resciliación

En general, todas las obligaciones pueden dejarse sin efecto por mutuo consentimiento de las partes. Excepcionalmente no es posible resciliar ciertas convenciones, verbigracia:

  • El pacto sustitutivo del régimen matrimonial, contemplado en el art. 1723 del Código Civil;
  • Las capitulaciones matrimoniales pactadas con antelación a la celebración del matrimonio, y
  • El pacto por el cual los cónyuges realizan la liquidación de la sociedad conyugal

Asimismo, la ley alude a la resciliación en el artículo 728, cuando establece que una de las causales de cancelación de la posesión inscrita de un inmueble, es aquella que opera “por voluntad de las partes”.

Resciliación de contratos

En el ámbito contractual lo normal es que cualquier contrato, como se genera por el acuerdo de voluntades de las partes, puede ser extinguido por resciliación. El artículo 1545 del Código Civil permite expresamente que los contratos sean invalidados por el consentimiento mutuo de las partes. Sólo excepcionalmente una sola de las partes puede revocar un contrato y extinguir las obligaciones emanadas de él como ocurre, por ejemplo, en el mandato.

Con todo, Juan Andrés Orrego Acuña explica que el acuerdo de unión civil es un contrato que no admite resciliación, pues expresamente el artículo 26 de la Ley N° 20.830 establece que, ya sea por el mutuo acuerdo o la voluntad unilateral de uno de los convivientes civiles, el contrato “termina”. Ergo, no hay propiamente “mutuo disenso”, sino “terminación” del contrato, porque las partes no retrotraen los efectos de éste. Bajo esa misma lógica, el artículo 42 de la Ley N° 19.947 dispone que “el matrimonio termina”, estableciendo la imposibilidad de aplicar el mutuo disenso al contrato de matrimonio.

En cuanto a las solemnidades de la resciliación, Rodrigo Barcia Lehmann señala que alguna jurisprudencia ha establecido que la resciliación debe perfeccionarse con las mismas solemnidades con las que se celebró el acto jurídico que se deja sin efecto, aun si las solemnidades son voluntarias. Así, un fallo de la Corte Suprema señaló que si las partes celebraron un contrato consensual por medio de escritura pública, la resciliación del mismo debe efectuarse también mediante escritura pública. Ello por cuanto en Derecho las cosas se deshacen de la misma manera en que se hacen. Sin embargo, la doctrina no concuerda con ello, las solemnidades son de derecho estricto y, en este caso, la ley no ha exigido solemnidad alguna para efectuar la resciliación.

Efectos de la resciliación

Entre las partes, la resciliación tiene efecto retroactivo, pues la voluntad de las partes es regresar al estado anterior al del contrato. Por ende, efectuadas las prestaciones mutuas, las partes serán restituidas a la situación previa a la celebración del contrato. Verbigracia, si se rescilia una compraventa sobre un inmueble: el comprador restituirá materialmente el predio y el vendedor el precio; asimismo se cancelará la inscripción vigente a favor del comprador, reviviendo aquella en favor del vendedor.

Respecto de terceros, la resciliación produce efectos únicamente para el futuro. Los efectos del contrato que han originado derechos para terceros, no pueden ser alterados ni modificados por las partes mediante la resciliación. Así, por ejemplo, la resciliación del contrato de compraventa sobre un inmueble, no afecta a la hipoteca constituida por el comprador sobre el bien raíz. No sucede lo mismo con aquellos que han adquirido algún derecho sobre la cosa después de la resciliación. Estos adquirentes deben respetar el mutuo disenso, afectandolos, como todos los demás actos jurídicos celebrados por sus antecesores.

Acerca del autor

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Jorge Castro Barros

Mi nombre es Jorge Castro, soy abogado de profesión y soñador por vocación. Actúo en calidad de autor intelectual de este singular proyecto.

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