Voluntad y sus Formas de Manifestación

V


Concepto de voluntad.

En términos generales, la voluntad es la actitud o disposición moral para querer algo. Es la intención decidida de hacer o no hacer algo.

En los actos jurídicos unilaterales, se habla propiamente de “voluntad”, mientras que en los actos jurídicos bilaterales ésta toma el nombre de “consentimiento”, que es el acuerdo de las voluntades de dos o más personas dirigido a lograr un resultado jurídico.

Requisitos de la voluntad.

Para que la voluntad sea considerada por el Derecho, es preciso que sea seria y que se exteriorice o manifieste.

  1. Seriedad de la voluntad. Es seria cuando se emite por persona capaz y con el propósito de crear un vínculo jurídico; es decir, en el sentido de perseguir efectivamente un fin reconocido o tutelado por el derecho.
  2. Manifestación de la voluntad. Mientras permanece en el fuero interno del individuo, mientras no trasciende su persona, la voluntad resulta indiferente para el Derecho. Para que se la considere, debe proyectarse externamente, debe manifestarse.

Formas de manifestación de la voluntad.

Diversas formas puede asumir esta manifestación: expresa, tácita, presunta o incluso puede deducirse del silencio del individuo.

Voluntad expresa.

La voluntad se manifiesta de manera expresa cuando el contenido de nuestro propósito es revelado explícita y directamente, sin la ayuda de circunstancias concurrentes. Por ejemplo, la suscripción de un instrumento público o privado que da cuenta de la celebración de un contrato.

Voluntad expresa emanada de la ley.

Por regla general, la voluntad puede manifestarse expresa o tácitamente. Son estas las formas más usuales además, siendo la manifestación presunta o el silencio excepcionales. Sin embargo, en los que la ley exige, excepcionalmente, una manifestación expresa, descartando cualquiera de las otras formas. Tal ocurre, por ejemplo, en el artículo 18 Ley de Matrimonio Civil: para contraer matrimonio ante el Oficial del Registro Civil, los contrayentes deben declararlo expresamente. Lo mismo acontece con aquél celebrado ante un ministro de culto de una entidad religiosa de derecho público.

Voluntad expresa emanada del acuerdo de las partes.

Las partes pueden convenir también que para ciertos actos, se requiera una declaración explícita de voluntad. Por ejemplo, para no perseverar en un contrato de arrendamiento que contiene una cláusula de renovación anual, suele estipularse que cualquiera de los contratantes podrá comunicar al otro, con una cierta antelación, su intención de no perseverar en el contrato más allá del vencimiento del plazo que corresponda a la última renovación.

Voluntad tácita.

La voluntad es tácita cuando el contenido de nuestro propósito no es revelado directa ni explícitamente, sino que se deduce de ciertas circunstancias concurrentes, por la realización de ciertas conductas o hechos que trasuntan una intención de ejecutar o celebrar un acto jurídico.

Requisitos de la voluntad tácita.

  1. El hecho que supone la manifestación de la voluntad debe ser concluyente (por ejemplo, artículo 1241 del Código Civil, aceptación de una herencia).
  2. El hecho debe ser inequívoco, es decir, que no pueda ser interpretado de manera diferente (por ejemplo, el mismo artículo 1241; o artículo 1956 del Código Civil, en el contrato de arrendamiento de un inmueble, cuando opera la “tácita reconducción”).
  3. Que sea incompatible con una voluntad contraria (por ejemplo, artículos 1654, remisión tácita de la deuda; 2124, aceptación tácita del mandato; 2164, cuando estamos ante la revocación tácita de un mandato; o artículo 1516, a propósito de la renuncia a la solidaridad hecha por el acreedor).

Podríamos afirmar que la voluntad tácita, se deduce de un hacer algo, de la ejecución de un hecho, que presupone una determinada voluntad.

Voluntad presunta.

La voluntad presunta sería la que la ley deduce o presume de ciertos hechos; una determinada conducta del sujeto se considera en ciertos casos por la ley como una declaración de voluntad en determinado sentido. No se manifiesta la voluntad pero la ley la da por manifestada. La ley, la convención o el juez, establecen ciertas circunstancias bajo las cuales la inactividad de la persona, determina la manifestación de voluntad. A diferencia de la voluntad tácita, en la presunta dicha intención se deduce de un no hacer algo, de abstenerse de ejecutar cierto hecho o acto. Verbigracia, el artículo 1718 del Código Civil, en la sociedad conyugal, que establece que a falta de pacto en contrario se entenderá, por el mero hecho del matrimonio, contraída la sociedad conyugal.

El silencio como manifestación de voluntad.

Por regla general, el silencio no constituye manifestación de voluntad, dado que no implica en sí afirmación o negación. Lo único que se exterioriza es la intención de guardar silencio. Excepcionalmente, el Derecho considera al silencio como manifestación de la voluntad.

Desde luego, cada vez que la ley dispone algo, salvo estipulación en contrario, el silencio de las partes envuelve aceptación de la regla legal: artículos 2125 (en el mandato, el silencio se mirará como aceptación, cuando aquellas personas que por su profesión u oficio se encargan de negocios ajenos, nada responden ante el encargo que una persona ausente les hace); y 2195 (caso del precario, esto es, la tenencia de una cosa, por ignorancia o mera tolerancia del dueño. El silencio del dueño, hace presumir que éste consiente que un tercero detente la cosa sin título alguno, lo que por cierto, no impide al dueño reclamarla en cualquier momento).

Silencio circunstanciado.

Pero fuera de los casos contemplados en la ley, el silencio, según la opinión general, constituye una manifestación de voluntad cuando va acompañado de otras circunstancias que permitan considerarlo, sin ambigüedades, como la expresión de la voluntad de una persona. Esto es lo que se llama el silencio circunstanciado.

Así, la existencia entre las partes de relaciones o negocios anteriores o de un contrato que está en ejecución es considerada por la jurisprudencia francesa como una circunstancia que autoriza para interpretar como aceptación el silencio del destinatario hacia su cliente habitual que le pide o le envía mercaderías o le hace un encargo comprendido en esas relaciones.

El silencio importa igualmente manifestación de voluntad si así lo han convenido las partes. Por ejemplo, en los contratos de sociedad o de arrendamiento, cuando se estipula prórroga de la vigencia de los contratos, por períodos sucesivos, si ninguna de las partes manifiesta lo contrario.

En resumen, en materia contractual el silencio importa manifestación de voluntad cuando:
  1. La ley le confiere tal efecto, expresamente;
  2. Las partes así lo han convenido; y
  3. Las circunstancias que acompañan al silencio permiten atribuirle el carácter de manifestación de voluntad.

El silencio es también fuente de obligaciones cuando se ha abusado de él por dolo o culpa y este abuso ocasiona un daño a terceros. Pero en este caso, la responsabilidad de su autor será extracontractual y quedará regida por las normas contempladas en los artículos. 2314 y siguientes del Código Civil.

Caracteres necesarios para la eficacia jurídica de la voluntad.

Para la completa eficacia jurídica de la voluntad se requiere que reúna dos caracteres: que sea consciente y que no esté viciada.

Puede haber ausencia total de voluntad o puede existir, pero adolecer de vicios. En el primer caso, el acto no tendrá trascendencia jurídica, no existirá dentro del mundo del Derecho; en el segundo caso, el acto producirá efectos jurídicos, pero será susceptible de anularse, salvo que se sanee en los plazos legales.

Orrego, Juan Andrés. Acto Jurídico. Información recuperada el 24 de julio de 2018.

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Jorge Castro Barros

Abogado de profesión y soñador por vocación. Actúo en calidad de autor intelectual de este singular proyecto. Si necesitas ayuda, sólo sígueme en Facebook.

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